La situación económica en el sector agrícola es especialmente difícil este año: muchas explotaciones agrícolas se enfrentan a rendimientos de cosecha considerablemente más bajos, a lo que se suman unos costes de producción que ya han aumentado considerablemente en los últimos años. Los costes de la energía, los fertilizantes y la maquinaria son, en muchos casos, considerablemente más elevados que hace tan solo unos años, mientras que los precios al productor de los cereales y otros cultivos se han visto sometidos a presión recientemente. Los primeros análisis indican que incluso una caída del rendimiento de «solo» entre el 20 y el 30 por ciento puede bastar para convertir un año apenas rentable en un año con pérdidas.
Las medidas políticas, como el restablecimiento de la desgravación fiscal del gasóleo agrícola, tienen por objeto reforzar la liquidez de las explotaciones agrícolas y son importantes a corto plazo para proporcionar un alivio financiero adicional por litro de gasóleo. Los debates sobre los importes y los calendarios de pago indican que esto podría suponer un alivio de varios cientos de euros por explotación al año, una contribución notable, pero que no compensa los riesgos de rendimiento. Al fin y al cabo, el hecho de que un campo produzca 50 dt u 80 dt por hectárea tiene, en última instancia, un mayor impacto en el resultado anual que unos pocos céntimos por litro de gasóleo.
Es precisamente aquí donde se pone de manifiesto el papel del agua en el suelo: aunque las medidas políticas reduzcan los costes, sigue planteándose la cuestión de si las plantas disponen de agua suficiente durante los periodos de sequía para alcanzar todo su potencial de rendimiento. Por eso, Green Legacy se centra principalmente en estabilizar los rendimientos. Nuestros gránulos retenedores de agua garantizan que el agua de lluvia no se pierda de inmediato, sino que permanezca disponible en el suelo, lo que aumenta el rendimiento por euro invertido en insumos agrícolas.
Desde la perspectiva de las explotaciones agrícolas, esto significa que, si bien las medidas gubernamentales pueden ayudar a amortiguar el impacto en los resultados anuales, no sustituyen a la estrategia propia de cada explotación para hacer frente a los años de sequía. Aquellos que combinan el apoyo financiero con inversiones —por ejemplo, utilizando subvenciones o desgravaciones fiscales sobre el gasóleo para invertir en tecnologías de almacenamiento de agua— refuerzan su resiliencia de cara a futuras campañas agrícolas. De este modo, la humedad del suelo pasa de ser un «riesgo impredecible» a convertirse en un factor de producción gestionado de forma deliberada.
Fuente: Cámara Agraria

